Lo que 2025 nos enseñó sobre el futuro de los cuidados de larga duración

Analizamos las lecciones aprendidas este año en visitas y acompañamientos a organizaciones y equipos profesionales del cuidado de toda España.

Diciembre es, por naturaleza, un mes de balances. Sin embargo, para quienes formamos parte del sector de los cuidados en España, este 2025 no ha sido un año cualquiera. Si echamos la vista atrás, nos damos cuenta de que hemos cruzado un umbral invisible: el paso de la teoría a la práctica real, del «qué» al «cómo».

En Activiza, hemos visitado y acompañado residencias, centros de día y servicios de ayuda a domicilio de toda la geografía española. Hemos escuchado el cansancio en las voces de los equipos de atención directa, la ambición de las direcciones por transformar sus espacios y, sobre todo, el deseo de las personas mayores de seguir siendo dueñas de su proyecto de vida.

Estos son los cinco aprendizajes fundamentales que este 2025 nos deja grabados.

1. El bienestar profesional es la base del buen cuidado

El primero de los aprendizajes de este año es la confirmación de una verdad que a veces olvidamos: no se puede cuidar bien si no se está bien. Durante 2025, hemos visto cómo las organizaciones que han puesto el foco en la cuidar y reconocer a sus equipos han obtenido mejores resultados en la implementación de una Atención Centrada en la Persona (ACP).

Como destaca Francisco José Tarazona, presidente de la SEGG: «cuidar a las personas cuidadoras es también cuidar de las personas mayores». En Activiza, hemos comprobado que la formación técnica es estéril si no va acompañada de un cambio en la cultura organizativa que valide y cuide al cuidador.

Además, el sector sufre una crisis de talento, pero la solución no solo pasa por la mejora salarial —necesaria, por supuesto—, sino por la creación de entornos de trabajo protectores. El profesional no quiere ser un mero ejecutor de tareas técnicas; busca un propósito. Cuando dotamos a los equipos de autonomía en la toma de decisiones, herramientas para gestionar el estrés o el duelo, la rotación de personal disminuye drásticamente.

2. La tecnología debe ser humanista o será inútil

El 2025 ha sido el año de la explosión de la Inteligencia Artificial (IA) y la monitorización avanzada en los centros. Sin embargo, hemos acompañado a organizaciones que, tras una fuerte inversión en tecnología y dispositivos, veían como la calidad percibida por las personas usuarias y sus familias no mejoraba. La causa siempre era la misma: falta de integración con la historia de vida y una progresiva despersonalización del cuidado.

Cuando un dispositivo se convierte en una barrera entre el profesional y la persona, hemos fracasado en su implementación. La digitalización debe servir para liberar tiempo de tareas burocráticas y repetitivas y devolverlo a la interacción humana, a la conversación, a la escucha activa.

La verdadera innovación no son los dispositivos en sí mismos, sino cómo permiten, por ejemplo, que una persona mayor no tenga que ser despertada cada dos horas para comprobar si está bien, respetando así su ritmo circadiano y su derecho al descanso.

Debemos preguntarnos siempre el porqué estamos implementando una tecnología, qué beneficios y qué daños ocasiona a la persona y a los profesionales. Es vital entender la tecnología como una aliada en el cuidado, que respeta la identidad de la persona, fomenta su autonomía y no es invasiva. En definitiva, la tecnología debe ser siempre el medio, nunca el fin.

3. Los espacios físicos: de hospitales a hogares

La aprobación del Acuerdo de criterios comunes de Acreditación y Calidad del SAAD ha obligado a muchas entidades a repensar sus espacios y a descubrir que la arquitectura del cuidado tiene un impacto directo en la conducta y el ánimo de las personas.

Ya no hablamos de «decorar» residencias para que parezcan casas. Hablamos de crear hogares reales y esto implica un aprendizaje duro: renunciar al control absoluto. Hemos visto cómo la eliminación de barreras arquitectónicas y la creación de unidades de convivencia más pequeñas reducen la agitación, el uso de contenciones, los sentimientos de soledad y fomentan un bienestar integral en las personas.

El aprendizaje clave en este área es que el diseño ambiental debe reforzar la identidad de la persona y su sentimiento de pertenencia. Si el entorno no permite que alguien pueda hacerse un té cuando desee o tener sus objetos personales a la vista, seguimos trabajando bajo un modelo institucionalizador, por muy modernos que sean los muebles. La flexibilidad en el uso de los espacios es la victoria más celebrada este año.

4. Las familias: aliadas estratégicas en el cuidado

Tradicionalmente, el sector ha mantenido una relación de «distancia profesional» con las familias, a veces por miedo al conflicto o por exceso de carga de trabajo. Este año nos ha enseñado que esa barrera es uno de los mayores obstáculos para implementar la Atención Centrada en la Persona.

A través de nuestros proyectos de acompañamiento, hemos comprobado que cuando la familia participa en el Plan de Atención y Vida, en el cuidado y en la vida diaria del centro, el nivel de satisfacción de todas las partes aumenta. No debemos olvidarnos de que la familia conoce la biografía de la persona y sin su colaboración, es imposible conocer los matices que hacen que el cuidado sea excelente.

Este año, los centros más exitosos han sido aquellos que han abierto sus puertas no solo físicamente, sino emocionalmente, creando espacios de participación real y no solo canales de quejas. El aprendizaje es claro: debemos pasar de la simple información a la familia a la construcción conjunta del cuidado.

5. El liderazgo facilitador frente al liderazgo jerárquico

Por último, pero quizás más importante, este año nos ha demostrado que la transformación de los centros depende directamente del tipo de liderazgo. Los modelos piramidales y rígidos están colapsando ante la complejidad de la realidad actual.

El líder del futuro en los cuidados de larga duración es aquel que actúa como facilitador. Es ese director o directora que no tiene todas las respuestas, sino que hace las preguntas adecuadas para que el equipo brille. Hemos visto equipos de atención directa proponer soluciones brillantes a problemas complejos de convivencia simplemente porque se les ha escuchado y permitido innovar.

Este tipo de liderazgo prioriza la dignidad de la persona cuidada y del profesional por encima de la eficiencia administrativa. Y curiosamente, cuando se prioriza la ética, la eficiencia llega como consecuencia natural.

Mirando hacia 2026: un compromiso renovado

Estos aprendizajes no son puntos finales, sino puntos de partida. Este año nos ha enseñado que el sector de los cuidados en España es resiliente, creativo y profundamente humano. A pesar del reto demográfico, las dificultades presupuestarias, de captación y rentención de talento, hay una voluntad inquebrantable de hacer las cosas de otra manera.

En Activiza, cerramos el año con la maleta llena de estas lecciones y el corazón agradecido por permitirnos entrar en vuestras casas y centros. La Cultura del Buen Cuidado no es una meta a la que se llega, es un camino que recorremos juntos, aprendiendo de cada error y celebrando cada pequeño avance en el bienestar y autonomía de las personas a las que acompañamos.

¿Quieres aplicar estos aprendizajes y liderar el cambio en 2026?
Te acompañamos a través de consultoría estratégica y formación especializada a transformar tu cultura de cuidado.

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