El modelo hogareño en los cuidados: cómo transformar y humanizar los espacios

Descubre cómo el diseño de ambientes hogareños revoluciona la autonomía y la calidad de vida de las personas mayores en los centros de cuidado.

¿Alguna vez te has detenido a pensar qué sientes al caminar en un pasillo largo, iluminado con fluorescentes y con olor a desinfectante? Ahora, imagina el efecto que ese entorno produce en alguien que vive ahí los 365 días del año.

Durante décadas, el sector de los cuidados en España ha replicado el modelo hospitalario, priorizando la vigilancia, seguridad y limpieza sobre el bienestar de las personas. Se han diseñado centros pensando más en la facilidad para pasar la mopa que en la comodidad de quien habita el espacio.

Pero el cambio ya no es una opción, es una necesidad imperativa si quieres que tu centro deje de ser un lugar de paso para convertirse en un hogar y ofrecer una Atención Centrada en la Persona (ACP) real.

En este artículo, vamos a desgranar cómo puedes liderar la transición de tu centro hacia un modelo hogareño, profundizando en sus principios, beneficios e implicaciones y proporcionándote claves prácticas para transformar tus espacios.

¿Qué es el modelo hogareño en los cuidados?

El modelo hogareño es una filosofía de diseño y gestión que busca mitigar el impacto de la institución total, término acuñado por el sociólogo Erving Goffman, para devolverle a la persona su identidad, su control y su privacidad.

Un entorno hogareño es aquel que resulta significativo, predecible y controlable para quien lo habita. No se trata solo de la estética, sino de la psicología del espacio. Cuando una persona siente que el entorno le pertenece y que no es un extraño en su propia casa, su ansiedad disminuye, su orientación mejora y su dignidad se fortalece.

Transformar una residencia en un hogar implica romper con la macroinstitución para crear Unidades de Convivencia que comparten espacios comunes (sala de estar, comedor y cocina), donde la vida cotidiana transcurre con ritmos normales, lejos de los horarios rígidos de las grandes instituciones. Es, en esencia, escalar el cuidado a una dimensión humana.

Para entender el calado de esta transformación, es útil comparar las diferencias fundamentales entre el modelo institucional y el modelo hogareño:

CaracterísticaModelo InstitucionalModelo Hogareño
AmbienteFrío, ruidoso y hospitalarioCálido, silencioso, doméstico
EscalaMasiva, grandes comedores y salasHumana, unidades de convivencia pequeñas
IdentidadLas personas se adaptan al entornoEl entorno se adapta a las personas
FocoLa seguridad, la limpieza y la tareaEl bienestar y el proyecto de vida
Rol profesionalCuidadorFacilitador
Tabla comparativa entre el modelo institucional vs. modelo hogareño

Modelo hogareño y desinstitucionalización

Es fundamental aclarar un concepto que a menudo genera incertidumbre en el sector: la desinstitucionalización. Existe la creencia errónea de que este proceso conlleva la eliminación o el cierre de las residencias y centros de día. Nada más lejos de la realidad.

La desinstitucionalización no significa que estos recursos dejen de ser necesarios; al contrario, seguirán siendo espacios esenciales para personas que requieren apoyos de alta intensidad o servicios especializados que no pueden recibir en su domicilio actual. El verdadero objetivo no es eliminar el centro, sino eliminar la «institución» que vive dentro de él.

Lo que este proceso exige es que los espacios abandonen definitivamente la estética y el funcionamiento hospitalario para convertirse en hogares reales. No se trata solo de parecer una casa, sino de funcionar como una. Esto conlleva que:

  • La cultura organizacional evoluciona de un modelo centrado en la tarea a uno centrado en la persona y basado en el respeto a la biografía, el fomento de la autonomía y el desarrollo de proyectos de vida.
  • El centro deja de ser un edificio administrativo para ser el hogar de las personas.
  • Los horarios y procesos dejan de ser rígidos y empiezan a adaptarse a los ritmos de las personas.
  • La arquitectura y el diseño de espacios abraza la calidez de la madera, los textiles y los objetos biográficos, alejándose del acero frío y plástico impersonal.

En definitiva, la desinstitucionalización es una evolución necesaria. Pasamos de ser gestores a ser facilitadores de vida en entornos domésticos. El centro de día o la residencia del futuro no desaparece, se transforma para que la persona siga manteniendo su identidad y autonomía en un entorno que la respeta y la abraza.

Los principios del modelo hogareño

Antes de comenzar la transformación de tu centro y para que esta sea coherente y efectiva, debes asentar tu estrategia sobre los pilares que definen el modelo hogareño. Estos principios actúan como una brújula para la toma de decisiones.

  • Escala humana: el principio básico es fragmentar. Debes huir de las grandes masas y los espacios polivalentes donde «todos hacen lo mismo al mismo tiempo». El modelo hogareño apuesta por entornos reducidos donde el control lo tiene la persona y no la organización.
  • Conservación de la identidad: el espacio debe permitir que la persona siga siendo quien es. Esto implica que su habitación sea un reflejo de su historia de vida y que los espacios comunes permitan realizar actividades que para ella tengan sentido.
  • Conexión con la comunidad: un hogar no aisla, reúne. El diseño debe facilitar la entrada de familias y comunidad al centro así como la salida de las personas mayores al barrio. La arquitectura debe eliminar la sensación de «clausura» y promover la integración en la comunidad.
  • Accesibilidad universal y cognitiva: no basta con que no haya escalones. El entorno debe «explicarse» solo, ser legible y predecible, reduciendo la carga cognitiva de las personas con deterioro para que puedan seguir tomando decisiones sencillas.
  • Confort ambiental y sensorial: el silencio, la luz natural, la temperatura adecuada y los olores familiares son principios irrenunciables. Un entorno que cuida los sentidos es un entorno que transmite bienestar emocional.

Los beneficios de la transformación ambiental

La evidencia científica respalda que el entorno físico influye directamente en la salud física y cognitiva. La psicología ambiental aplicada a los cuidados de larga duración demuestra beneficios tangibles que tú, como gestor o profesional, debes conocer para fundamentar tu toma de decisiones:

  • Sentimiento de pertenencia: cuando el entorno físico deja de ser impersonal, se asemeja más a un hogar que a un hospital, se llena de elementos biográficos y estéticos cálidos, la persona deja de sentirse un invitado en casa ajena. Este sentimiento de pertenencia es un antídoto contra la soledad no deseada y la depresión, ya que el espacio valida la identidad y la historia de vida de quien lo habita.
  • Fomento de la autonomía: un diseño que permite la orientación intuitiva reduce la dependencia de las personas mayores para realizar desplazamientos básicos. Si el entorno «le dice» a la persona dónde está el baño, quizás no necesita pedir permiso ni ayuda a los profesionales.
  • Reducción de las alteraciones conductuales: los espacios con una acústica controlada y luz natural reducen la agitación y la agresividad en personas con demencia. Un entorno que no «agrede» sensorialmente facilita la calma y reduce la necesidad de sujeciones físicas y contenciones químicas.
  • Satisfacción familiar: las familias dejan de sentir la culpa de «ingresar» a su ser querido en un hospital y experimentan la tranquilidad de saber que se ha mudado a un nuevo domicilio. Esto facilita que las visitas sean más frecuentes, de mayor calidad y la participación en los cuidados.
  • Bienestar profesional: trabajar en un entorno agradable y menos ruidoso reduce el estrés laboral y el síndrome de burnout. Cuando el espacio es cómodo para vivir, también lo es para cuidar. Un equipo que trabaja en un ambiente sereno ofrece un trato mucho más cálido y empático.

10 acciones clave para transformar tus espacios según el modelo hogareño

Si te preguntas cómo aterrizar toda esta filosofía en tu organización, te recomendamos que empieces por realizar una auditoría de los espacios y ambientes. Agudiza tus sentidos, camina por el centro y toma nota. ¿Qué ves, oyes, hueles, sientes? Detecta todo lo que grite “hospital”.

Una vez completada la auditoría, podrás trazar un plan de acción a seguir. A continuación te compartimos 10 acciones clave que puedes realizar sobre el entorno físico para empezar a transformar tu centro según el modelo hogareño:

  1. Organiza tu centro en unidades de convivencia: este es el cambio fundamental. Divide el centro en unidades de entre 12 y 15 personas con un equipo de referencia estable. Cada unidad debe contar con su propio salón, comedor y, sobre todo, una cocina abierta y funcional. La cocina se convierte en el corazón emocional donde los olores y sonidos cotidianos activan la memoria y el sentido de hogar.
  2. Utiliza materiales naturales y mobiliario hogareño: la madera y los textiles refuerzan la sensación de hogar. Reemplaza camas, sillas y mesas hospitalarias por mobiliario de aspecto doméstico y en los baños oculta las ayudas técnicas cuando sea posible.
  3. Personaliza los espacios con objetos significativos: permite que las personas mayores decoren su habitación con muebles, fotografías y objetos personales y que la puerta de la habitación sea la «puerta de casa». Esto favorece la identidad, la orientación y la sensación de hogar.
  4. Elimina barreras visuales y físicas: sustitúye señalética clínica y confusa por una con tipografías claras y pictogramas que ayuden a orientarse. Cambia los despachos acristalados y mostradores altos por mesas bajas, espacios abiertos y compartidos donde el personal esté a la misma altura y en el mismo plano físico que quienes viven en el centro.
  5. Utiliza una iluminación circadiana: asegúrate de que los espacios donde las personas pasan más tiempo tengan luz natural. Si no es posible, instala sistemas que regulen la temperatura del color (luz cálida al atardecer) para ayudar a regular los ciclos de sueño y reducir la desorientación nocturna.
  6. Reduce ruidos ambientales: evita que televisores, radio o música ambiental estén encendidos constantemente o limita su volumen. Crea zonas tranquilas de descanso sin múltiples estímulos simultáneos y sustituye las alarmas sonoras por dispositivos de vibración o luminosos.
  7. Potencia olores hogareños: sustituye el olor a productos de limpieza industrial por aromas domésticos como el café recién hecho o el pan horneado. Estos olores evocan recuerdos significativos, estimulan el apetito y reducen la desorientación al situar a la persona en un entorno sensorialmente seguro y familiar.
  8. Integra la naturaleza y la vida (biofilia): llena las zonas comunes de plantas naturales y permite animales de compañía (siempre que sea seguro), ya sea como residentes o facilitando que las familias los traigan de visita. La interacción con otros seres vivos reduce el cortisol y combate la soledad de forma inmediata.
  9. Espacios exteriores visibles y accesibles: si dispones de jardines, patios o terrazas, asegúrate de que sean visibles desde el interior y accesibles para su uso diario, con recorridos circulares, zonas de descanso, vegetación y que permitan la realización de actividades e interacción.
  10. Facilita la socialización: sustituye las filas de butacas geriátricas por agrupaciones de sofás y sillones que inviten a la conversación e interacción y crea rincones temáticos como una zona de lectura o costura. Así crearás oportunidades de socialización donde las personas puedan verse las caras, no solo las nucas.

El cambio cultural: el espacio no cuida solo

El diseño de entornos hogareños es una declaración de intenciones: es decirles a las personas que están en su nueva casa, que su vida sigue teniendo valor pleno, que sus preferencias importan y que habitan un lugar seguro.

Además, en un mercado cada vez más competitivo y más exigente, donde las personas mayores y sus familias están informadas, buscan calidad humana y entornos que no parezcan cárceles, el modelo hogareño es una ventaja competitiva en la toma de decisión.

Sin embargo, es fundamental comprender que una reforma arquitectónica o una renovación de mobiliario, sin un cambio profundo en la cultura de los cuidados, es una inversión vacía. Puedes tener el salón más hogareño del mundo, pero si el personal sigue trabajando bajo un modelo centrado en las tareas en lugar de las personas, el entorno seguirá siendo una institución.

La transformación física debe ir acompañada de una formación del equipo en la Cultura del Buen Cuidado. El profesional debe dejar de ser un operario de tareas para convertirse en un facilitador de la vida cotidiana. El espacio debe permitir que el cuidador se siente, converse y comparta tiempo de calidad, no solo tiempo de asistencia.

No esperes a tener un presupuesto de obra mayor. Empieza por pequeños cambios que generen grandes impactos en el día a día. Pregunta a las personas que viven en tu centro qué les haría sentir más en casa. Te sorprenderá descubrir que, a menudo, la solución no es comprar más, sino permitir que la vida fluya con menos restricciones.

¿Quieres transformar tu centro en un verdadero hogar?
Descubre cómo lograrlo con nuestro curso de Unidades de Convivencia y humanización de entornos.

© 2026 Activiza